Revista
Grupo Docente Nº 7 Octubre 2003 > Temas de Educación
Nuevas
tecnologías y Educación
Un análisis
sobre las nuevas tecnologías, un área de estudio que se ha prodigado
especialmente durante los últimos años en congresos y publicaciones
educativas.
Martín Pérez Lorido
Los
cambios que han habilitado los desarrollos más recientes en tecnologías de la
información y de la comunicación (TIC) en prácticamente todos los ámbitos de
las sociedades desarrolladas y que nos han llevado hacia la comúnmente
denominada sociedad de la información y del conocimiento o sociedad
informacional,[1]
parecerían justificar este creciente interés por la tecnología educativa. No
obstante, para comprender mejor esta inusual y en algunos casos diríamos que
hasta excesiva presencia del discurso alrededor de las TIC en el ámbito de la
educación, deberíamos tener en cuenta que los centros educativos son por
definición instituciones sociales en las que las personas reciben una formación
de manera intencional, sistemática y reglada en coherencia con las demandas de
un determinado modelo social, de manera que las escuelas y universidades no
pueden ni deben quedarse al margen de la influencia que las tecnologías
digitales han ejercido sobre el conjunto de relaciones socioculturales y
laborales que tienen lugar en el seno de la sociedad actual.
¿Qué son nuevas tecnologías?
Antes
de realizar cualquier valoración sobre las nuevas tecnologías y su aplicación
educativa, parece necesario precisar inicialmente a qué nos estamos refiriendo
cuando hablamos de «nuevas tecnologías», habida cuenta de que puede resultar
complicado tratar de expresar lo que se considera una novedad en términos
absolutos. Aunque emplear el calificativo «nuevas» tal vez puede proporcionar
al lector una idea aproximada del tipo de tecnologías a las que hacemos
referencia (aquéllas cuyo desarrollo ha sido más reciente), esto supone
enfrentarnos también a la necesidad de especificar qué avances tecnológicos o
qué tecnologías pueden ser considerados lo suficientemente recientes como para
verse incluidos en esta taxonomía.
La
vertiginosa velocidad con la que se suceden hoy en día avances en el terreno de
las TIC, especialmente en informática, telecomunicaciones y en todos aquellos
dispositivos y materiales que posibilitan avances en la comunicación mediada
por ordenadores (CMC), hace que recursos que hoy pueden resultar innovadores, se
conviertan en tecnologías obsoletas en muy breve tiempo. Del mismo modo, y como
expresábamos unas líneas más atrás, entendemos que la novedad en este
contexto debería expresarse necesariamente en función de otras variables
relevantes que la matizan, como la propia cultura a la que pertenecemos, las
posibilidades de acceso que hemos tenido a los últimos desarrollos tecnológicos
o la formación de la que disponemos para el uso de las TIC, además de otras
valoraciones y criterios personales que pueden influir en esta definición[2].
Teniendo
en cuenta estas consideraciones y situándonos de nuevo en el contexto de las
sociedades desarrolladas, parece poder afirmarse que, cuando actualmente se hace
referencia a las nuevas tecnologías educativas, ya no se tiene en especial
consideración a medios como el vídeo o la televisión convencional, que hace
unas décadas tuvieron un gran protagonismo en el campo de estudio de la
tecnología educativa. Las nuevas tecnologías en la actualidad comprenden básicamente
el estudio y aplicación de las tecnologías digitales y los sistemas de
telecomunicación; es decir, ordenadores multimedia y periféricos como el escáner,
las impresoras, cámaras digitales, etc., y las redes de ordenadores, cuyo máximo
exponente es la red Internet. Estos medios no sólo han ampliado y mejorado
exponencialmente nuestra capacidad para manejar, tratar y comunicar información
y conocimiento por sí mismos, sino que además han asimilado prácticamente
todos los demás recursos que ahora se integran en ellos.
El
ordenador multimedia podría ser definido en la actualidad como un macromedio
dentro del cual se integran todos los demás. La fotografía, la televisión, el
teléfono, el vídeo, el diseño gráfico o la composición musical
tradicionales, por citar algunos ejemplos, han pasado por el tamiz de las
tecnologías digitales ampliando sus posibilidades educativas en su versión
digital.
El paradigma de las tecnologías de la información
La
clave del éxito de la versión digital de los recursos tradicionales y de los
formatos propios que manejamos en los ordenadores y las redes, se encuentra en
que la digitalización de la información (su transformación en cadenas de unos
y ceros interpretables por los microprocesadores que se encuentran en el
interior de los ordenadores), hace posible que ésta pueda ser almacenada,
modificada y transferida sencillamente, superando de este modo muchas de las
limitaciones que los formatos analógicos tradicionales presentaban en este
sentido. La digitalización de textos, imágenes y sonidos abre nuevas
posibilidades de acción porque rompe la primacía tradicional del formato analógico
de la información. El formato digital que manejan y almacenan los ordenadores
ya no es semejante a su representación original, como sucedía en el formato
analógico, porque el lenguaje máquina (las cadenas de ceros y unos que mencionábamos
anteriormente) tiene una estructura totalmente diferente de la de los lenguajes
analógicos naturales. Sin embargo, evidentemente, este formato digital de la
información que manejan los ordenadores puede recomponerse y reproducirse en imágenes
y sonidos analógicos (y por lo tanto comprensibles por nuestros sentidos), con
la ventaja de que la información digitalizada puede ser manipulada
recursivamente mediante algoritmos matemáticos rápida y eficientemente por los
ordenadores, y ser enviada después hacia lugares remotos a través de la red
con toda facilidad y prácticamente sin limitación alguna.
En
este sentido puede afirmarse que los formatos digitales multimedia y las redes
de ordenadores han supuesto un salto cualitativo tanto en el modo de almacenar,
mostrar y compartir información, haciendo uso intensivo de textos, imágenes
estáticas y en movimiento y sonidos que han sido previamente digitalizados de
forma combinada, como en el modo de movernos a través de dicha información. La
secuencia lineal que estábamos acostumbrados a seguir tradicionalmente en los
libros de texto ha derivado también hacia otras formas alternativas de navegar
a través de los datos en función de nuestros intereses merced al hipertexto y
los hipervínculos.
Características diferenciales de las tecnologías de la información
Estamos
convencidos de que las características diferenciales propias de cada recurso
educativo del que disponemos en una situación particular (sea éste un libro de
texto convencional, un DVD o una página web educativa) pueden ser aprovechadas
convenientemente en beneficio de nuestros alumnos dentro de las aulas siempre
que se empleen con un criterio pedagógico adecuado. Sin embargo, situándonos
al margen de otras particularidades características puntuales de estos medios
digitales que constituyen las nuevas tecnologías, lo que a nuestro criterio les
proporciona una mayor capacidad de acción respecto de otras tecnologías que
las precedieron y les confiere un gran potencial educativo y transformador es
que, al margen de su aplicación instrumental, las TIC, como afirma Castells
(1997: 58), no son sólo herramientas que aplicar sino también procesos que
desarrollar, de manera que mediante estos medios los usuarios y los creadores de
información pueden convertirse ahora en las mismas personas, tomando así en
cierto modo el control de la tecnología, como podemos observar que está
sucediendo con frecuencia en el caso de la red Internet.
Así,
la característica diferencial propia de las TIC que manejamos en la actualidad
que las distingue especialmente en cuanto a nuestras posibilidades de acción
respecto de otros medios y recursos didácticos tradicionales, haciendo más
necesario si cabe su estudio y aplicación práctica dentro de la escuela, es su
capacidad para ampliar exponencialmente su alcance y potenciar su dimensión
socioeducativa al ser apropiadas y redefinidas activamente por profesores y
alumnos. Ésta es la virtud más destacable de los medios digitales en su
conjunto: brindar a los usuarios la oportunidad de crear, modificar, distribuir,
compartir y reinterpretar activamente la información y el conocimiento de un
modo que no presenta las limitaciones de los medios analógicos tradicionales. A
nuestro criterio, este potencial mediático correctamente canalizado en las
aulas puede realizar interesantes aportaciones al proceso didáctico tradicional
y trasciende por completo el valor instrumental de la tecnología educativa.
Cinco rasgos característicos del paradigma de la tecnología de la información
Nos
gustaría reflejar aquí los cinco rasgos característicos expresados por
Castells (1997: 88-89) de lo que ya ha sido definido por los expertos como el
paradigma de la tecnología de la información, porque entendemos que su lectura
puede contribuir sin duda a una comprensión adecuada de la incidencia y
repercusión que las TIC han tenido en las últimas décadas en el conjunto de
la sociedad actual y, consecuentemente, también hacernos reflexionar sobre el
modo en el que las escuelas pueden contribuir a asimilar estos cambios con un
mayor conocimiento de causa:
La
primera característica del nuevo paradigma es que la información es su
materia prima: son tecnologías para actuar sobre la información, no sólo
información para actuar sobre la tecnología, como era el caso en las
revoluciones tecnológicas previas.
El
segundo rasgo hace referencia a la capacidad de penetración de los efectos
de las nuevas tecnologías. Puesto que la información es una parte integral
de toda actividad humana, todos los procesos de nuestra existencia
individual y colectiva están directamente moldeados (aunque sin duda no
determinados) por el nuevo medio tecnológico.
La
tercera característica alude a la lógica de interconexión de todo sistema
o conjunto de relaciones que utilizan estas nuevas tecnologías de la
información. La morfología de red parece estar bien adaptada para una
complejidad de interacción creciente y para pautas de desarrollo
impredecibles que surgen del poder creativo de esa interacción. Esta
configuración topológica, la red, ahora puede materializarse en todo tipo
de procesos y organizaciones mediante tecnologías de la información de
reciente disposición. Sin ellas, sería demasiado engorroso poner en práctica
la lógica de interconexión. No obstante, ésta es necesaria para
estructurar lo no estructurado mientras se preserva su flexibilidad, ya que
lo no estructurado es la fuerza impulsora de la innovación en la actividad
humana.
En
cuarto lugar y relacionado con la interacción, aunque es un rasgo
claramente diferente, el paradigma de la información se basa sobre la
flexibilidad. No sólo los procesos son reversibles, sino que pueden
modificarse las organizaciones y las instituciones e incluso alterarse de
forma fundamental mediante la reordenación de sus componentes. Lo que es
distintivo de la configuración del nuevo paradigma tecnológico es su
capacidad para reconfigurarse, un rasgo decisivo en una sociedad
caracterizada por el cambio constante y la fluidez organizativa. Cambiar de
arriba abajo las reglas sin destruir la organización se ha convertido en
una posibilidad debido a que la base material de la organización puede
reprogramarse y reequiparse. Sin embargo, debemos evitar un juicio de valor
unido a este rasgo tecnológico. Porque la flexibilidad puede ser una fuerza
liberadora, pero también una tendencia represiva si quienes reescriben las
leyes son siempre los mismos poderes.
Una
quinta característica de esta revolución tecnológica es la convergencia
creciente de tecnologías específicas en un sistema altamente integrado,
dentro del cual las antiguas trayectorias tecnológicas separadas se vuelven
prácticamente indistinguibles. Así, la microelectrónica, las
telecomunicaciones, la optoelectrónica y los ordenadores están ahora
integrados en sistemas de información.
Castells
(1997: 92) precisa un poco más estos cinco rasgos cuando afirma que el
paradigma de la tecnología de la información no evoluciona hacia su cierre
como sistema, sino hacia su apertura como una red multifacética, poderoso e
imponente en su materialidad, pero adaptable y abierto en su desarrollo histórico.
Sus cualidades decisivas son su carácter integrador, la complejidad y la
interconexión. Entendemos que todas estas características del paradigma de
la tecnología de la información, brillantemente identificadas y precisadas por
Castells, y especialmente aquéllas que inciden en la posibilidad de acción y
en el margen de maniobra del que todavía disponemos para actuar con las TIC,
pueden sugerirnos alternativas de trabajo que deben ser aprovechadas
convenientemente dentro del ámbito educativo, tanto más cuando somos
conscientes de que los planteamientos positivistas y las políticas tecnócratas
han glorificado con frecuencia los avances en el terreno de la tecnología
buscando fundamentalmente el beneficio económico por encima de un valor
educativo, social, democrático y solidario de la técnica, que tal y como los
expertos han sabido destacar (Apple y Beans, 1997; Torres, 2001) es quizás más
necesario ahora que nunca.
Las tecnologías de la información y de la comunicación aplicadas a la Educación
La
creciente presencia de las TIC en la sociedad moderna ha llevado a las
administraciones educativas a considerar relevante el conocimiento, uso e
incorporación de dichas tecnologías a la escuela. De un modo similar a como
las TIC están influyendo en la sociedad, alterando los principios que se han
venido manteniendo sobre la comunicación a lo largo del tiempo, podemos inferir
que sus repercusiones afectan a todas las estructuras sociales, entre las que
debería destacarse el sistema educativo.
En
este último apartado trataremos de indagar en el modo el que sería deseable la
incorporación de las TIC a la escuela y en la manera en que podemos propiciar
un aprovechamiento de las potencialidades informativas y comunicativas de estos
recursos, así como un conocimiento crítico de los mismos, con la intención de
no perder de vista el hecho de que estos medios forman parte de una sociedad en
la que muchos otros elementos están cambiando y que en último término se
remiten a la educación como ente formador y generador de la capacidad de
adaptación a estas nuevas situaciones (De Pablos J. y Jiménez J., 1998: 49).
A
nuestro criterio, en los últimos años se ha venido vinculando con bastante
frecuencia la idea de innovación educativa con la incorporación física de las
TIC a la escuela. En un momento histórico en el que día a día se suceden
avances en el terreno de las tecnologías (especialmente en las tecnologías
informáticas y de telecomunicaciones) y en el que la comunicación mediada por
ordenadores está generando nuevas posibilidades de relación social y económica,
la preocupación porque el sistema educativo proporcione una formación adecuada
para vivir en esta sociedad emergente genera una gran inquietud a nivel estatal.
Esta
inquietud se ve ampliada, si cabe, por un fenómeno peculiar que se está
produciendo actualmente alrededor de las TIC y que puede resumirse en el hecho
de que probablemente ésta sea la primera ocasión en la que el dominio de un
medio de gran proyección (refiriéndonos desde luego exclusivamente a su manejo
técnico) está considerablemente más extendido en su uso entre las
generaciones más recientes (la por algunos denominada informalmente como «generación
Nintendo») que en las que la precedieron. De algún modo, puede percibirse
entre los padres una sensación de indefensión frente a este desembarco tecnológico
sobre el que sus hijos parecen tener más control que ellos mismos y este fenómeno
está teniendo en cierta medida su paralelismo también en la política
educativa en lo que a la incorporación de las TIC a la escuela se refiere.
Parece existir cierta ansiedad por la incorporación de la herramienta (el
ordenador o la implantación de redes) a los centros educativos, aunque en
ocasiones no resulta tan evidente que se tenga tan claro para qué y cómo
emplearlos.
De
este modo, nosotros consideramos que más allá de la incorporación del hardware
a las escuelas, debe hacerse un esfuerzo por identificar qué es lo que
realmente pueden aportar las TIC al proceso educativo, cómo y en qué momento
se pueden aprovechar las características diferenciales de cada medio y de qué
manera abordar la formación mediante las TIC. En este sentido compartimos el
criterio de Cebrián y Ríos (2000: 18-19) cuando afirman que la introducción
de nuevas tecnologías no produce automáticamente un cambio educativo que
mejore los procesos de enseñanza-aprendizaje y que el profesorado no
debe usar indiscriminadamente cualquier tecnología, ni sustituir, guiados por
las modas, unos medios por otros; sino que, deberá buscar cuáles son los
recursos y tecnologías que pueden propiciar un mejor aprendizaje de su
alumnado. La introducción de nuevas tecnologías debe implicar cambios metodológicos
acordes con la naturaleza de las mismas. Es bastante frecuente y desalentador
ver que en muchos centros que tienen recursos tecnológicos los usan con
metodologías tradicionales.
Un programa coherente de innovación educativa
Con
esta breve argumentación no tratamos aquí de descalificar el hecho de que se
conceda prioridad a la incorporación de hardware a la escuela, puesto
que lógicamente ésta es también una premisa imprescindible para la integración
plena de las TIC en ella. Lo que entendemos más bien es que adquirir dicho hardware
es algo relativamente sencillo (y también fácil de mostrar de cara a la galería)
pero absolutamente inútil si no se lleva a cabo dentro de un programa de
innovación educativa coherente, en el que ésta no sea entendida como la simple
presencia de tecnologías novedosas en los centros educativos porque esto, como
afirma De Pablos (1998: 62-63), no garantiza la innovación en su significado
real. La innovación debe ser entendida como el cambio producido en el modo de
concebir la enseñanza y los proyectos educativos; en la manera de organizarlos
y de llevarlos a la práctica. El hecho de que las nuevas tecnologías propicien
maneras alternativas de trabajo escolar frente a las fórmulas más
tradicionales, es lo significativo. Si los procedimientos para acceder a la
información, las estrategias para analizar, extrapolar o valorar los
conocimientos, los hábitos y las actitudes, son diferentes de las pautas de
trabajo formativo propiciadas por metodologías didácticas tradicionales como
la lección magistral, la utilización casi exclusiva del libro de texto o, en
definitiva, el recurso a procedimientos de enseñanza poco flexibles, es lo
realmente valorable desde una perspectiva de innovación educativa.
Comprendiendo
el sentido de la innovación de un modo similar se expresa también claramente
Escudero (1995), cuando afirma que la innovación educativa vinculada a la
tecnología de la educación debería entenderse no tanto como una mirada
externa, sino como una mirada interna constitutiva de la propia tecnología
educativa, de sus fundamentos teóricos, valores, propósitos, contribuciones y
articulación en el sistema escolar, así como de su incidencia en el quehacer,
en el pensamiento de alumnos y profesores, en las interacciones que propicie de
manera específica y, en definitiva, su aportación real a los procesos de enseñanza
y aprendizaje.
A
nuestro modo de ver, la innovación no puede venir de la mano de tecnología
alguna, por grande que sea su capacidad informativa y comunicativa, sin que se
produzca un cambio en la actitud de aquellos que manejamos los recursos didácticos
en las aulas. De nuevo De Pablos (1998: 63) lo expresa con claridad cuando
afirma que en último término, no podemos olvidar que el sentido real de la
acción de innovar (cambiar) conlleva un compromiso ético personal que persigue
mejorar las situaciones cotidianas (...) La posibilidad de hacer lo de antes
aunque mediante otros procedimientos (más rápidos, más accesibles, más
simples) no representa una innovación (cambio) profundo. Visto de esta manera,
la innovación educativa comporta un componente personal, ético, que debe dotar
a las tecnologías y recursos del ‘valor de educar’. La innovación es
humana. Las nuevas tecnologías aplicadas a la educación serán novedad, en su
sentido básico, en la medida que sean dotadas de un espíritu progresista por
quienes las utilizan y sobre todo, por quienes encuentran utilidades educativas
que permitan formar mejor, educar de forma más completa, es decir, más libre.
El
sistema escolar es un subsistema social formalmente configurado para la educación
de las personas y, como tal, entendemos que no puede permanecer al margen de los
cambios que demanda la sociedad informacional. Sin embargo, es necesario
introducir dichos cambios comprensivamente en las escuelas, de modo que
faciliten la incorporación racional de las TIC desde posturas bien
fundamentadas pedagógicamente, adaptándolas a las exigencias y peculiaridades
de los procesos educativos que se desarrollan en su seno y teniendo presente el
hecho de que estas herramientas no fueron creadas originalmente con fines pedagógicos.
La escuela debería ser un centro de formación siempre permeable a los cambios
que se producen en la sociedad, porque la renovación de la escuela pasa por la
incorporación de las innovaciones tecnológicas desde orientaciones bien
definidas que permitan optimizar todos los procesos que tienen lugar en ella,
respondiendo al sentido educativo que orienta su labor: instruir, formar, guiar
el desarrollo físico, afectivo, social y moral de las personas, capacitándolas
para que puedan enfrentarse a las transformaciones sociales con relación a los
nuevos valores que ésta genera (Fernández Muñoz, 1998: 28).
Los problemas a enfrentar
Uno
de los problemas de fondo que dificultan la adecuada incorporación de las TIC a
la escuela lo constituye sin duda el hecho de que la tecnología está corriendo
mucho más rápido que la reflexión en torno a las consecuencias sociales, económicas,
políticas, etc. de sus múltiples aplicaciones, y que habitualmente este análisis
se realiza a posteriori. Aunque entendemos que en la actualidad es
especialmente difícil conseguir que la escuela supere la tradicional distancia
que separa la realidad de dentro y fuera de ésta, también consideramos más
necesario que nunca realizar un esfuerzo para responder a las necesidades
formativas de la sociedad de la información, integrando en sus espacios las TIC
y las formas de comunicación que le son características, compartiendo sus símbolos
y su código, adaptándose al tipo de cualidades y organización del mercado
laboral que demanda la sociedad del conocimiento y también –quizás
especialmente– reconociendo y reaccionando críticamente ante sus excesos.
Como
ya ha sido reflejado con claridad por Tiffin y Rajasingham (1997), las escuelas,
tal y como las conocemos hoy en día, están diseñadas básicamente para
preparar a las personas para vivir en una sociedad industrial. Los sistemas
educativos preparan a las personas para ocupar un lugar en la sociedad emulando
las fábricas y oficinas de una sociedad industrial, y el modo en el que se
estructura el tiempo en los horarios escolares, la división de las asignaturas
para su estudio y la manera en la que se organizan las escuelas como
burocracias, son anticipaciones del período laboral adulto. Esta organización
tradicional de las escuelas es coherente con la organización de una sociedad
industrial con una fuerte dependencia del movimiento físico de las personas y
las mercancías. Sin embargo, la infraestructura tecnológica fundamental sobre
la que se sustenta la sociedad informacional es la red de telecomunicaciones y,
si queremos preparar adecuadamente a las personas para vivir en una sociedad de
la información, también parece necesario conseguir un sistema educativo que
tenga en cuenta el papel que están jugando, y el que en el futuro desempeñarán,
en todos los sentidos, las telecomunicaciones en dicha sociedad. Entendemos que
no sería deseable esperar (como por desgracia ya está ocurriendo) que los
alumnos tengan que reconocer por su cuenta las virtudes y defectos de estas
tecnologías fuera del contexto escolar.
La
incorporación de las TIC a escuelas parece haber propiciado un discurso
orientado hacia el cambio fundamentalmente desde dos perspectivas: en una se las
contemplaría como catalizadoras de procesos de innovación y en la otra como un
elemento más a añadir a las ya de por sí numerosas funciones y acciones a
desarrollar en este ámbito. En este sentido, Pérez Pérez (1998: 113) se
refiere también a dos grandes visiones o enfoques de las TIC en relación a los
sistemas educativos: por una parte se refiere a una visión restringida y
unilateral, más centrada en el proceso tecnológico como referente deseable
para el proceso educativo, beneficiado en este caso por el uso de los medios de
comunicación, y una visión más completa, abierta y plural, en la que el
referente tecnológico o los medios de esta naturaleza no son más que otro
elemento a tener en cuenta en la consideración del proceso educativo. Situándonos
más bien dentro de este último enfoque, lo que nosotros entendemos que
resultaría interesante llegar a definir es el modo de articular una formación
que integre los medios tradicionales con los más recientes, que aproveche las
posibilidades educativas de todos los recursos que estén a nuestro alcance, y
que permita diseñar procesos de enseñanza y aprendizaje que favorezcan un
desarrollo óptimo de la sociedad en su conjunto, con una visión amplia que
debería caracterizar precisamente, a nuestro entender, el sentido global de la
educación.
Mena
y Marcos (1994) también parecen comprender que en la actualidad estamos
asistiendo a un divorcio entre los sistemas educativos y las realidades
socioculturales, debido en parte a que la tecnologización de la sociedad se
centra más en productos (en el hardware) que en los procesos, generalizándose
de este modo una tecnología externa, vacía, con poca afectación de los
procesos socioculturales, más allá de simples procesos instructivos. Esta
situación se reflejaría en un discurso pedagógico que no habría superado
todavía una postura analítica, en la que apenas se hace referencia a aspectos
relevantes en relación con lo que supone la incorporación de nuevos valores
socioculturales y a la evaluación de los impactos de la tecnología en la
sociedad.
También
se pronuncia en este sentido Pérez Pérez (1998: 114) cuando afirma que no se
ha sobrepasado el umbral de la tecnología como instrumento o medio, lo que ha
llevado a considerar aspectos pedagógicos o didácticos relacionados con
procesos de reelaboración curricular excesivamente restringidos y muy apegados
a cuestiones excesivamente practicistas o centradas en la actividad, como la
elaboración de materiales, aplicaciones del software, utilización de
medios, etc., pero de escasa repercusión en otros aspectos más profundos de la
cultura y vida social: aquellos que afectan a los valores, a los modos de
comprender, a los lenguajes tanto en su estructura como en su forma, impactos
antropológico-etnográficos de las tecnologías, etc.
Ventajas y desventajas de las tecnología de la información y de la comunicación
A
nuestro parecer, en una visión de conjunto, la presencia de las TIC en el ámbito
educativo puede aprovecharse básicamente para conseguir tres grandes
finalidades: educar con los medios, de manera que consigamos que éstos se
conviertan en una herramienta al servicio de la escuela; formar en los medios,
tratando de propiciar un conocimiento crítico y reflexivo de los mismos, y enseñar
a utilizar productivamente los medios, consiguiendo aprovechar todas sus
potencialidades adecuadamente.
Neil
Postman refiriéndose a las consecuencias de las TIC sobre la educación y la
sociedad en general, aporta también algunos interesantes elementos para la
reflexión en su conferencia «Infancia y Aprendizaje» del Congreso
Internacional sobre Educación Infantil celebrado en Tel-Aviv, que Fernández Muñoz
(1998: 26) resume en estas siete premisas:
Todo
cambio tecnológico tiene ventajas, pero debemos ser conscientes de sus
desventajas. El televisor ha significado un adelanto incuestionable para la
transmisión de información, pero también su uso ha traído una disminución
del tiempo de comunicación entre las personas.
Las
ventajas y desventajas de las nuevas tecnologías no están distribuidas
justamente. La tecnología de la información y de la comunicación
transmite y desarrolla conceptos de política que benefician de forma específica
a algún grupo social.
Toda
nueva tecnología lleva implícita una idea o un perjuicio. En una cultura
sin televisión, la imaginación ocupa un papel importante no siéndolo
tanto en una cultura en que las imágenes nos vienen dadas.
Toda
nueva tecnología lleva en sí un conflicto, el conflicto del poder por el
control. Es importante conocer lo que implican estas luchas por el poder
dentro del ámbito escolar.
Los
cambios tecnológicos pueden penetrar y modificar las estructuras sociales,
trayendo cambios impredecibles e irreversibles.
Las
nuevas tecnologías suelen mitificarse y aceptarse como dones de la
naturaleza. Esta percepción mágica puede ser peligrosa, pues lleva a
aceptarla sin someterla a análisis, revisiones y cambios críticos.
Las
nuevas tecnologías y los medios de comunicación no son la misma cosa.
Entre un medio de comunicación y su tecnología correspondiente existe una
relación similar a la que existe entre la mente y el cerebro. No estamos
indefensos ante ella, podemos conocerla y domarla, haciendo que se comporte
debidamente.
Entendemos
que la verdadera dimensión educativa de la tecnología se encuentra en la
medida en que ésta puede contribuir a abrir horizontes a las personas,
proporcionándoles la oportunidad de pensar, decidir y actuar libre y autónomamente.
Sin duda las nuevas tecnologías pueden realizar interesantes aportaciones en
este sentido, pero una vez más, la clave para aprovechar todo su potencial está
en el factor humano, en nuestra capacidad para poner la tecnología al servicio
de propuestas con un sentido plenamente educativo.
Martín
Pérez Lorido
Catedrático de la Facultad de Ciencias de la Educación
Universidad de La Coruña
Notas
[1]
La justificación de esta última definición puede encontrarse en: CASTELLS M.,
«Flujos, redes e identidades: una teoría crítica de la sociedad informacional».
En CASTELLS M., FLECHA R., FREIRE P., GIROUX H., MACEDO D. y WILLIS P., Nuevas
perspectivas críticas en educación, p. 15-50, Paidós Educador, Barcelona,
1994.
[2]
Puede revisarse esta argumentación en: CEBRIÁN M. y RÍOS J.M., Nuevas
tecnologías de la información y de la comunicación aplicadas a la educación,
Aljibe, Málaga, 2000.
Bibliografía
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1997.
CASTELLS
M., «Flujos, redes e identidades: una teoría crítica de la sociedad
informacional». En CASTELLS M., FLECHA R., FREIRE P., GIROUX H., MACEDO D.
y WILLIS P., Nuevas perspectivas críticas en educación, p. 15-50,
Paidós Educador, Barcelona, 1994.
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La sociedad Red, Alianza Editorial, Madrid, 1997.
CEBRIÁN
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